El tiempo.

tiempo

Otra vez él vio su sonrisa aunque como siempre, nunca le alcanza. Necesitaría horas, días, meses, quizás años y sin embargo nunca le sería suficiente -menos mal- Encima casi ni se anima a sostener la mirada en dirección a su cara, la mira apenas, torpemente y solo las manos (de reojo) como si no le importara. También sus rodillas, cada tanto.

Al final siempre es una cuestión de tiempo, han hablado de ello, de lo inevitable del peso de los relojes aplastando sus horas. Él lo sabe y ella lo siente, y como a veces sentir y saber son la misma cosa, ambos esperan por igual.

Él sólo se conformaría con sostener larga e ininterrumpidamente su mirada hacia ella (si ella así lo quisiera); emprendería la épica empresa de recordar cada mínima expresión, de contabilizar cada pestañeo, los movimientos rápidos y casi imperceptibles de sus pupilas, el sentido de sus cejas, llevaría la cuenta de cada cada vez que ella inspire, expire y se acomode el pelo.

Mientras tanto ella canta otra vez, o sonríe, él no recuerda bien. Y entonces supo del tiempo y del después, de lágrimas apretadas en los bolsillos, de la sangre tensa.

Él lo sabe, ella lo siente.

Abril.

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