La odisea del espacio

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Como en una novela de Arthur C. Clarke resulta que hemos vivido no sé muy bien desde cuando en una realidad paralela, quizá en una cuarta dimensión, quizá fuera del tiempo. No sé si tenemos que recurrir a la teoría holográfica ó a la cartografía para explicar porqué estábamos fuera del mapa, fuera del mundo.
Puede que el problema sea filosófico, y mediante el principio de no-contradicción podamos explicar una realidad ontológico-geográfica de una (no) Argentina inserta un (no) mundo. Ser o estar, esa es la cuestión. Estamos en el mundo ó fuera de él, y puede que ello finalmente sea posible en algún plano metafísico con un alto nivel de abstracción y que no podamos comprobar empíricamente.
En fin, por alguna razón los argentinos tenemos que estar felices de volver al mundo, se acabó el largo paseo cósmico que nos llevó quién sabe hasta qué rincón del vasto universo, y con la nostalgia del que ha viajado, volvimos a casa. Ahora bien, si volvimos, ¿A dónde volvimos? ¿Quiénes éramos? ¿Cuál es entonces nuestro lugar en el mundo? Para intentar averiguarlo podemos mirar a nuestro alrededor y así saber donde estamos parados para reconocernos en las diferencias con los demás, mientras intentamos recordar lo que éramos y donde estábamos. Podemos utilizar la lógica de primer orden y reconocer que el otro “es otro”, identificarlo como diferente a nosotros, y así definirnos en consecuencia.
Aunque también reconocerse en las similitudes a menudo es un buen ejercicio para recordar quiénes somos. A veces, cuando estamos algo perdidos y atravesando un presente complicado y sin mayores esclarecimientos, verse reflejado en el otro nos ayuda a enfrentar nuestras dudas existenciales, nos hace sentir menos solos y nos motiva a seguir con nuestra búsqueda. Por ejemplo, si el otro está peor que nosotros, podemos renovar nuestra confianza, si está igual, al menos sabemos que somos dos en una misma situación, y si está mejor, nos esperanzamos y entendemos que es posible la mejor y el progreso.
En todo caso, estos análisis comparativos nos pueden ayudar a recordar quiénes somos (ó quiénes éramos) y cómo estamos, pero en sí mismo no nos dan definiciones acerca del lugar que ocupamos en el mundo, ¿O sí? La forma de relacionarnos también nos define, nos enseña donde estamos y a veces, hasta lo determina. En estos tiempos, incluso en el plano internacional, la otredad en su aspecto relacional importa, porque es a partir del reconocimiento del otro, sus límites, espacio de poder y el tipo de vínculo que tenemos con él, que podemos inferir en ciertos aspectos lo que somos y donde estamos parados.
Es innegable que los Estados, las Organizaciones Internacionales y las Empresas son actores de gran peso específico en el escenario internacional, sin embargo estas relaciones también están atravesadas por nuestros pueblos, costumbres, historias y tradiciones, es por eso que los procesos sociales también nos ayudan a definirnos y a ubicarnos. Es parte de una estrategia hacernos creer que determinados vínculos económicos, políticos y culturales son los que nos “insertan” en el mundo, los que nos devuelven al lugar de donde nunca debimos haber salido cuando en realidad, ello sólo es posible en los pupitres de los niños de escuela primaria cuando recortan los planisferios que les enseñan los límites políticos que han puesto los hombres en su afán de definirse y auto preservarse.
Los argentinos hemos construido nuestro (deber) ser nacional, paradójicamente, siempre mirando hacia afuera, ocultando aspectos íntimos, primigenios, nativos, genuinos, propios, sojuzgando lo que fuera necesario para definirnos en relación a lo que debíamos ser según las necesidades coyunturales, signadas en gran medida por las relaciones que debíamos tener, determinando a lo largo de la historia “nuestro lugar” en ella. En cada instante de este proceso está presente una determinada forma de relacionarnos con el mundo, algunas pretendidas, otras vencedoras, pero siempre han estado presentes.
Nuestros pueblos se enfrentaron en algunas instancias y en otras se hermanaron a pesar de las diferencias, se atravesaron con fronteras, y se separaron sin separarse del todo. En las diferencias se asemejan y se relacionan asimétricamente hasta hoy y así seguirá siendo. Cada uno de los vínculos tiene una dinámica propia y según las circunstancias serán de una manera, de otra, ó no serán, pero siempre habrá relaciones entre los países y sus pueblos, y éstas en gran medida directa ó indirectamente dependen de ellos. Los países pueden cambiar un límite, una frontera, dejar de pagar la deuda externa ó iniciar una guerra, pero nunca se saldrán del mundo, porque no se puede.
Actualmente, y siempre dentro de los parámetros de la racionalidad, ni el más duro e intransigente bloqueo económico, ni el altísimo riesgo país de un país, ni los muros interminables, ni la indiferencia, pueden “sacar” un Estado del mundo cual pieza de rompecabezas. Lo que sí es posible hacer es ubicarse en casilleros y espacios determinados en base a una mirada estratégica del tablero aunque no siempre la autonomía, autodeterminación y voluntad política son suficientes para elegir racionalmente la opción más conveniente. Y esto está en la naturaleza del sistema, porque no todos los actores juegan en un plano de igualdad, no todos ocupan el mismo lugar ni tienen el mismo peso específico en la balanza de poder.

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¿Entonces dónde estuvimos los argentinos todo este tiempo? Me atrevo a decir que siempre estuvimos aquí, algunos mejor, otros peor, más contentos, menos cómodos, más a gusto, transcurriendo cada día lo mejor que pudimos. Redoblando esfuerzos, a veces bajando los brazos, enfrentados, creyendo. Ésta es una realidad compartida por los pueblos que no se abrazan a partir de los objetivos de la alta política, ni de las decisiones de tribunales internacionales, ó a partir de inversiones millonarias, sino que se vinculan a través aquellos elementos que encuentran necesarios para alcanzar y fortalecer lazos genuinos, que sirvan para verse reflejados los unos en los otros, para identificar las diferencias específicas que los definen, para encontrarse y conocerse. Sólo cuando nos conocemos esencialmente, de dónde venimos y cómo nos relacionamos, sabemos exactamente quiénes somos y donde estamos parados.
“…Pero hay una enorme debilidad, estas cuestiones de la integración no la sienten los pueblos, esto es de la gente que lee tres diarios por día, que tiene cierta formación intelectual, que tiene apego a la política, y hasta que esto no baje al llano de las masas, de los que tienen dificultad para comprarse un par de zapatos, de los que tienen dificultad de llegar a fin de mes, la gente no entiende que el destino de nuestros hijos se juega en estas cosas, para que nuestros descendientes no estén subordinados en un mundo de súper potencias…” (Fragmento del discurso de José Mujica en la 47ª Cumbre de Jefes y Jefas de Estado del Mercosur, Paraná, Entre Ríos, diciembre de 2014).
*Facundo Aquilini
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